Ojalá las paredes gritaran (Argentina)
Buenos Aires
2018 – 2022
Dramaturgia y Dirección
Paola Lusardi
Intérpretes
Julián Ponce Campos, Antonella Querzoli, Martín Gallo, Augusto Ghirardelli, Mariana Mayoraz, Santiago Cortina
Escenografía
Gonzalo Córdoba Estévez
Iluminación
David Seldes
Vestuario
Paola Lusardi
Colaboración dramatúrgica
Andrés Granier
Directora asistente y co-autora
Leila Martínez
Colaboración en vestuario
Vanesa Abramovich
Movimientos en escena
Marina Cachan
Manager gira
Debora Staiff
Música
Mateo Schreiterer, Santiago Cantisano, Santiago Cortina, Tomás Melille
Contacto
Dirección General
Paola Lusardi
paolalusardiredes2@gmail.com
Tel:+54 911 5848 7670
Producción
Gabriela Larrañaga
gabrielalarranaga@gmail.com
Tel: +598 9909 6441
Trayectoria
Casa particular en Ciudad de Buenos Aires – 2018
FIBA (Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires) – 2019 y 2020
Festival Muestra Escénica Iberoamericana – Islas Canarias – 2020
Festival Iberoamericano de Bogotá
Teatro Metropolitan Sura – 2019 y 2020
Reposición en su formato original – Ciudad de Buenos Aires – 2022

Sinopsis
Un Hamlet millenial atrapado en una espiral de autodestrucción frasea a ritmo de trap la perversión familiar que emerge sobre la muerte del padre.
Una casa tomada por la tragedia y por el engaño,
paredes que no gritan pero que lo saben todo,
verdades y mentiras resuenan sampleadas dentro de esta tragedia clásica en un mundo de ansiedad existencial.
Propuesta artística
La propuesta inicial llevó al extremo la inmersión teatral. Nació en un site-specific en una casona de Colegiales, donde la arquitectura muta a dramaturgia: escaleras, ventanales y habitaciones ocultan y revelan personajes, mientras el público, integrado en una gradas en el medio de la sala, es un testigo directo del conflicto.
A nivel simbólico, el agua, en sus múltiples formas es el elemento omnipresente de transformación y desborde emocional, en un juego poético que combina además luces y sombras.
Su adaptación al Teatro Metropolitan reconfiguró el espacio sin perder su esencia. Unas gradas con asientos en el escenario lo convirtieron en un territorio compartido entre actores y espectadores, manteniendo la tensión y la cercanía.
La puesta en escena potenció lo visual y lo sensorial: cuerpos en estado de batalla trepando por la estructura metálica y tubular, música electrónica como pulsión interna del relato y una estética fragmentada que desarmaba la solemnidad del clásico para convertirlo en un choque visceral entre pasado y presente.










